LOS DESAYUNOS CON MI TIO JULIO

Siempre me gustaba que la leche tuviera espuma, pero a veces no ocurria. En mi mente de 2 años era irresistible decirle a mi querido tío del titulo que calentara la leche para que tuviera espuma. Con mucha simpleza ponía sus manos a los costados de mi taza, respiraba profundo, cerraba los ojos y la leche comenzaba a hervir y tenia la espuma que tanto deseaba.
Durante mucho tiempo pensé que todos los tios eran iguales, después en una fiesta infantil me daría cuenta de la realidad.

LA BICICLETA, LA ESPADA Y EL MILITAR

Recuerdo que me levante un tanto inquieta y le conté a mi mama y a mis tías, lo que había soñado:
“Vi la bicicleta azul de uno de mis hermanos con un grupo de policías, se la llevaban a la estación de Policía. Luego, había un hombre vestido de blanco, un militar de blanco, cuya espada rozaba la entrada de mi casa, el traía la bicicleta.
Pasaron unos meses, mi hermano perdió la bicicleta y esta fue decomisada por un grupo de policías. Pero, gracias a la intervención de un amigo militar de la familia se soluciono todo. El llego con su uniforme de gala color blanco porque estaba en una reunión especial por fiestas patrias.

EL LORITO, NUESTRO AMIGO ENTRAÑABLE

Durante un largo periodo de mi niñez, veía con cierta intermitencia, la imagen de un lorito verde que bajaba por el borde de los escalones de una escalera de brocha gorda y lo veía entrar a la cocina. Corría a contarles mi visión y para que lo buscaran pero, siempre no había nada. La ultima vez que lo vi tenia un bulto al costado del ojo, lo mire y sentí tristeza.
Paso tiempo, y cae al patio un lorito bebe, mi madre y todos lo adoptamos, le dábamos de comer y dormía en su jaula que estaba al final de la escalera. Aprendió abrir y cerrar la puerta de su jaula que era su mini casa. Corría hacia la cocina para buscar comida en su platito. Un día no quiso bajar y cuando todos lo vimos tenia el bulto cerca de su ojo. En ese momento todos recordamos mi visión.

AVELINA

Se llamaba la esposa de mi abuelo materno, a quien mi madre prodigaba con dulzura y cariño.
Cuando llegaba del norte, me sentía feliz por su ternura.
Una noche dormía profundamente y de repente desperté, con los ojos bien abiertos veía como había fuego a mi rededor pero, no quemaba, eran luces que me rodeaban y entre ellas estaba la dulce Avelina, me abrazo, me beso y me dijo que siempre me recordaría. Que se iba de viaje y que no llorara. Su imagen se desvaneció al atravesar los vidrios catedral de la puerta de mi dormitorio.
A mi me esperarían 2 días de fiebre muy alta, en medio de ese trance veía a una de mis tías con un velo negro, a mi tío saliendo de su dormitorio pidiendo auxilio, Avelina estaba tendida en su cama con sangre en su abdomen.
Días después, nuestra querida Avelina partía de este mundo por complicaciones en una hernia abdominal, mi tía María acudió al velorio con un velo negro muy largo. Mi tío Pepe salió de su dormitorio que compartía con su madre pidiendo auxilio.
Todo esto le contaba mi madre al Medico de la familia, porque durante mi trance había dicho lo que veía, y yo estaba con mucha fiebre. Estaba por cumplir los 4 años. Estaba haciendo una predicción muy fuerte, intensa y verdadera.
Durante un buen periodo estuve sumida y hasta ahora en este mágico mundo de los trances, sentires, presentires y predicciones.
Esa mezcla de disciplina, estudio y juego que es la magia. La vivía en todo momento con mi familia.
Mi casa era una reunión constante de aprendizaje, de intercambio de saberes. Mis tios y primos eran fabulosamente mágicos y así como podían predecir también les gustaba las artes pero siempre con disciplina y orden. Al grupo nunca entro gente de otra sangre.

LA MAGIA DE MI ABUELA ROSENDA

Estaba en el escritorio, sentada mirando al vacío y deseando con todo mi corazón saber de ella.
Hacia mucho que había partido al dar a luz a mi tío. No la conocí en vida pero siempre la sentí, la siento y la sentiré conmigo.
En eso se formo una nebulosa hacia el fondo de la habitación y tomo la forma de una mujer alta con los brazos abiertos hacia mi, fui hacia sus brazos, me dijo. “viene una gran prueba para ti, prepárate, es una vida que empieza, ten mucha fe”, le pedía que no se fuera, abrazaba sus faldas para impedir que me dejara, por mis gritos mis hermanos subieron al escritorio, encendieron las luces y me vieron abrazada a “algo” que estaba suspendido en el aire.

 
 
  • Gregorian The Sound of Silence